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                                                                                                                                        extracto de textos   I   citas

 

LA EDUCACION UN DESAFIO GLOBAL

Nuestro hijos son la llave del futro. Ellos son quienes habrán de encontraren el mañana soluciones a los desafíos globales a los cuales hoy nos enfrentamos. Y encontrar soluciones exige disponer de capacidades humanas en algunos ámbitos  que apenas ahora comenzamos a comprender.

La educación actual debe capacitar a los niños para poder desplegar aquellas facultades que van más allá de la pura tradición y el conocimiento convencional. La Educación Waldorf persigue esta meta.  Quiere participar en el desarrollo de seres humanos que puedan convertirse en iniciadores del progreso cultural.

 

“EN EL NIÑO IVE L HOMBRE DEL FUTURO”.  William Wordsworth.

Las experiencias que un niño vivencia influyen en el modo en que actuará en el futuro. Las palabras de W. Wordsworth  aluden, sin embargo, a una nueva dimensión: desde el primer instante de su vida cada ser humano responde a las impresiones en una forma que le es única y propia. De esta forma se diferencian las experiencias de un niño de cualesquiera experiencias vividas de por otro. Nuestro ser interior no está determinado solamente por la herencia y el entorno. Estos factores existen de hecho, pero es el “ser interior del hombre” quien hace uso de ellas.

El niño cobija en si la semilla del futuro. De ahí que la tarea del educador sea crear un entorno tal que le permita desarrollar esa semilla que en él vive.

 

DE LA EDUCACIÓN A LA AUTOEDUCACIÓN.

Jamás cesa el hombre de aprender, ni agota su capacidad de aprendizaje. Y sin embargo, ¿despierta la escuela, despiertan los educadores y educadoras ese entusiasmo por aprender que debe acompañar al hombre durante toda su vida? La educación es un continuo desafío. El aprendizaje no termina con la preparación de unos exámenes finales. Solamente quien ha aprendido a amar el aprendizaje podrá dirigir por sí mismo su autoeducación.

 

Una educación comprometida con las tradiciones espirituales morales y culturales de la humanidad

Los sentimientos juegan un papel importante en nues­tra vida, p.ej. la reverencia, la devoción, la compasión, la confianza, pero también la capacidad de experimentar la belleza. El Hombre puede di­ferenciar entre lo bueno y lo malo y puede desarrollar aquellas metas que se ha propuesto. Precisamente a través de dichos capacidades se pone de manifiesto la per­sonalidad humana. Antigua­mente los niños aprendían estos aspectos de la vida hu­mana a través de la religión y la cultura tradicional de su entorno. Hoy somos testigos de cómo, casi en cualquier lugar del mundo, se produce el derrumbamiento de las relaciones y valores tradicio­nales. Ahora, más que nunca, la educación ha de cultivar conscientemente el desarrollo de estas capacidades primor­diales del Hombre.

El hombre es algo más que cuerpo y alma

El hombre se relaciona de formas muy diferentes con el mundo: a través de la activi­dad física, la vida anímica y el ámbito del pensamiento. Rudolf Steiner subrayó esta relación ternaria, estable­ciendo incluso la interrela­ción de estas tres actividades entre sí, así como con la organización corporal. El hombre no es un ser uni­dimensional; pero es, en pri­mer término, el sano desa­rrollo del cuerpo y el alma la condición previa paro que la individualidad espiritual pue­da servirse de esos instru­mentos, es decir para poder ser activa.

La cabeza, el corazón y las manos tienen igual impor­tancia en el desarrollo del niño. Por ello la Pedagogía Waldorf impulso del mismo modo el desarrollo de las ca­pacidades cognitivas, mora­les y práctico-manuales.

 

Andar, hablar, pensar -tres fases esenciales en el desarrollo infantil

El ser humano es un sutil equilibrio de potencial ine­stabilidad. Su unicidad se muestra ya en las tres fases de desarrollo de la infancia temprana: mantener el equi­librio y andar, así como pos­teriormente aprender a ha­blar y pensar. Solamente el ser humano puede alcanzar estas tres facultades, que al mismo tiempo son la base de cualquier desarrollo y apren­dizaje posteriores. La observación de estas eta­pas del desarrollo demuestra que la actividad motora del niño tiene una influencia formativa sobre el cuerpo y pone los cimientos para el desarrollo de las facultades cognoscitivas. Ello es válido especialmente en los prime­ros años de la infancia, pero al mismo tiempo es un aspecto fundamental de todo aprendizaje, por lo que debe ser contemplado en el curriculum escolar.

 

El desarrollo del niño siempre en el punto central

La pedagogía Waldorf es un proceso educativo inte­gral cuyo centro lo consti­tuye el apoyo al desarrollo autónomo del niño. Este pro­ceso se presenta tanto en los diferentes contenidos educa­tivos de los distintos niveles escolares, como en la forma de enseñanza misma. En el Jardín de Infancia el niño aprende a desarrollar sus fa­cultades creativas cultivando el juego. En su nivel básico, toda la enseñanza está orientada según el proceso por el cual el niño desarrolla su consciencia del mundo que le rodea. El adolescente descubre, prácticamente al mismo tiempo que alcanza la madurez sexual, su capaci­dad para pensar de forma autónoma. En el nivel educa­tivo superior se les exige a los alumnos el ejercicio de este pensar autónomo, así como de la comprensión de hechos complejos.

 

 

 

Aprender a conocer y a amar el mundo tal como es

Toda verdadera compren­sión exige como condición previa el acto de percibir. Una experiencia sensorial en su máxima amplitud juega un papel fundamental en el desarrollo de los sentidos, proceso que se continúa a lo largo de los primeros años de la vida del niño. Un si­guiente paso en el proceso de aprendizaje lo constituye el progresivo aumento de la toma de consciencia de aquel­lo que percibe. El niño apren­de entonces a reconocer los aspectos esenciales de un determinado fenómeno. La aproximación fenomenológi­ca a las ciencias naturales y humanísticas - cuyo inicio se produce en la cuarta clase - tiene un papel central en la Educación Waldorf En los primeros años se opta por un enfoque de las materias escolares más vivo y basado en la experiencia.

 

Dedos ágiles - pensamiento ágil

El niño pequeño compren­de su entorno a través de sus manos. Mientras explora el mundo descubre sus estructuras. Más tarde de­sarrolla a través del pensa­miento los conceptos. El niño de Jardín de Infancia debe experimentar una actividad ejecutada de forma razona­ble y amorosa de forma que pueda imitar un acto lleno de sentido. El niño en edad escolar se ejercita hasta que llega a realizar cualquier ac­tividad manual hábilmente. Una actividad externa conlle­va siempre una actividad men­tal interior. Cuanto más es­merada es esta actividad, más sutil es también el pen­samiento. Los pequeños la desarrollan a través de jue­gos. Más tarde se aprende a tocar la flauta, a tejer, a co­ser, a hilar. Unos dedos ági­les crean un pensamiento ágil.

 

El ritmo - el gran maestro en la educación

La vida del hombre es rica en ritmos. No solamente jue­gan un importante papel en todos los procesos vitales, sino también en los procesos cognoscitivos. Cada cambio rítmico es al mismo tiempo un proceso de transforma­ción. El aire que exhalamos es totalmente distinto del aire inhalado. Tales transfor­maciones pueden ser descu­biertas también en el apren­dizaje infantil. Quien ya sabe escribir ha olvidado los enor­mes esfuerzos necesarios pa­ra dibujar las primeras letras. Aquello que se aprende pue­de ser olvidado de nuevo, por­que se transforma en capaci­dad. El ritmo del recuerdo y el olvido se convierte en una aproximación metodológica básica para la formación de las capacidades. Los maes­tros Waldorf apoyan este proceso no solamente a tra­vés del ritmo en el movi­miento, sino también a tra­vés de métodos didácticos que contemplan la naturale­za rítmica del aprendizaje.

 

De la imagen al concepto - hacia la comprensión a través de la percepcion

En el curriculum de la Es­cuela Waldorf como escuela integral desde la 1ª a  la 12ª clase existe una disposición metodológica progresiva de las asignaturas. En las clases de primer nivel se depositan en forma de imagen conoci­mientos que transformados volverán a aparecer en el ni­vel superior. A través de imágenes el niño aprende a descubrir el abecedario que más tarde escribirá de forma fluida. Este proceso acompa­ña, entre otras, la enseñanza de las Ciencias Naturales, que comienza en la Escuela Waldorf dirigiendo su mirada al ámbito fenomenológico. De esta forma, los niños en la 4ª clase aprenden a cono­cer diferentes animales a tra­vés de relatos, animales que después dibujan y pintan. En el período de zoología en la clase 12ª se estudia el reino animal de forma sistemática. Aquello que inicialmente fue percibido a través de las di­ferentes cualidades de los sentidos se hace accesible en el nivel superior a través del juicio individualizado. El cur­riculum de la Escuela Wal­dorf está fundamentado so­bre una base antropológica.

 

Educación artística: mucho más que ser creativo

El arte de educadores y educadoras consiste en su capacidad de despertar el conocimiento sobre la vida. El conocimiento de las leyes que rigen el desarrollo infan­til debe constituir la base de este arte, el cual puede po­sibilitar a los alumnos la construcción de una relación viva con los contenidos edu­cativos. Mucho antes de comenzar a comprender el mundo conscientemente el niño se abre al mismo a tra­vés de sus sentimientos. Para él es tan importante la dis­posición estética de las horas escolares como su contenido, y ésta debe ser considerada como un ele­mento esencial en toda edu­cación y ser tomada en se­rio en la conformación de la enseñanza.

 

El amor como principio básico de la educación

En pedagogía existen tres vías posibles para motivar al niño ante el aprendizaje: el miedo, la ambición o el amor. En la Pedagogía Wal­dorf se renuncia a las dos vías citadas en primer lugar, y se intenta despertar en el niño el amor a las cosas que ha de conocer. Los niños de­ben interesarse por las mate­rias escolares y la escuela misma por amor, no a con­secuencia de calificaciones o ventajas personales. En lo posible se rehúsa utilizar medidas coercitivas externas. No la obligación externa, si­no el entusiasmo por un te­ma debe ser determinante pa­ra el aprendizaje. Pero ello sólo sucede cuando maestros y maestras se hallan tan entusiasmados e interesados en las materias impartidas como debieran estarlo sus alumnos.

 

El juego es un trabajo serio para el niño

¡Espacios de juego son espacios de futuro! A través del juego el niño comprende la naturaleza y su entorno cultural de forma imitativa. En el juego viven las cualida­des activas interiores de lo imitado; formando, de esta manera, la base para un po­sterior conocimiento del mundo. "Aprehender" se con­vierte en "comprender". Para el niño pequeño, "concebir mediante el juego" significa: percibir con todos los senti­dos, poner en movimiento to­do el cuerpo, ser activo. A tra­vés del juego el niño se capacita para dominar el movimiento corporal, su equilibrio, un tacto delicado y un impulso lleno de fuerza. De ello nace más tarde la experiencia consciente de sí mismo: puedo conformar el mundo porque lo he com­prendido.

 

Evaluación individual sin notas - descripción en lugar de valoración

La escuela como prueba competitiva es una parte esen­cial de la injusticia social de nuestra sociedad hoy día. El rendimiento que se exige al niño mediante la presión de una calificación realizada a través de notas contribuye muy poco al desarrollo de una autonomía responsable. La evaluación individual des­cribe al niño en el desarrollo de sus facultades de forma global. Con ello la voluntad del niño se inflama para aprender y mejorar su traba­jo - no como una obligación, sino en libertad. La evalua­ción representa: - una caracterización indivi­dual de las fuerzas del niño - un dictamen sobre las po­sibilidades del escolar con respecto a su contribución social -propuestas sobre metas y orientación escolar - un juicio comparativo y objetivo de los niveles alcan­zados por el alumno - y finalmente un espejo del propio trabajo en su entorno global.

 

Educando para la independencia y la responsabilidad

Al finalizar la vida escolar un joven ser humano se en­cuentra frente a un mundo que por su complejidad se ha hecho casi incomprensible. ¿Qué capacidades precisa pa­ra encontrar su camino en él y transitarlo de forma inde­pendiente y responsable? El objetivo profundo de la Pe­dagogía Waldorf reside en acompañar el desarrollo del niño de forma que sus fuer­zas individuales de indepen­dencia y responsabilidad se desarrollen progresivamente. Los alumnos y alumnas del nivel superior necesitan vivir encuentros reales con otros seres humanos, con nuevas ideas, con el trabajo - para afinar su propia capacidad de juicio.

 

Individualidad y sociedad

La individualización sólo es posible en sociedad y para ello surgen como elementos inductores la multiplicidad del encuentro entre los seres humanos así como sus dife­rentes capacidades. La Peda­gogía Waldorf intenta crear las condiciones precisas a tra­vés de una conformación in­tegral de la enseñanza y de un contacto humano múlti­ple. En este proceso las dife­rentes capacidades y rendi­mientos de los alumnos no son criterios de discrimina­ción social. Allí donde las posibilidades del individuo son asumidas y reconocidas como medida de su trabajo, se crea una comunidad a par­tir de la aportación positiva de cada individuo. La comu­nidad y el individuo crecen. La Escuela Waldorf ofrece un gran número de ámbitos de experiencia para el desarrollo individual dentro de lo social.

 

Una educación medioambiental

Los niños aman la natura­leza, los árboles, los anima­les, el arroyo, las mariposas. Maestros y maestras quieren profundizar ese amor infantil de tal modo, que éste pueda convertirse en un sólido fun­damento tanto en el ámbito científico como en la relación práctica con la naturaleza: a un amigo siempre se le tra­tará con cuidado, tanto más cuando el bienestar de uno depende del bienestar de aquél. Todo aquello que haga bien a la naturaleza, es bue­no también para el mismo ser humano. El amor a la na­turaleza, su comprensión a través de una base científica y el cuidado activo de la mis­ma son los tres niveles desde los cuales los alumnos y alum­nos de la Escuela Waldorf son conducidos hacia una participación y cooperación con todo lo viviente durante toda su etapa escolar, desde el mismo Jardín de Infancia.

 

Cómo funciona una escuela sin director

 "Una escuela es tan buena como lo sea su director" - "Pero, ¿y si no tiene direc­tor?" "Entonces es tan buena como su educación, sus cele­braciones, su estructura, su trabajo, su vida escolar, tan buena como su clima, sus conferencias, su curriculum ... puesto que un director tiene influencia sobre todo ello, y no de forma superficial, a tra­vés de sus ideas, su estilo de dirección y su temperamen­to..." "¿pero y si no tiene director?"

... "entonces tiene 62 direc­tores delegados en forma co­legiada, ó 43 u 87 ... tantos como maestros y maestras, madres y padres, alumnos y alumnas dispuestos a asumir responsabilidades": La responsabilidad y la liber­tad forman - como las dos caras de una hoja de papel unidas entre sí e insepara­bles - el principio funcional de la Escuela Waldorf. Autonomía y Consenso.

 

La comunidad escolar: una escuela para aprender a vivir en comunidad

Autonomía de la escuela - un desgastado lema, que sin embargo, constituye para la Escuela Waldorf un funda­mento con pleno sentido. En primera lugar significa auto­nomía de los profesores, in­dependencia de directrices económicas y pedagógicas externas a la escuela, auto­gestión a través de los pa­dres y maestros en el mejor interés de los niños. Se apoya en el convencimiento, de que también, y precisa­mente en una democracia, los planes económicos relati­vos a educación dejan sin explotar numerosos y valio­sos recursos. En base a esta responsabilidad conjunto de padres, maestros y alumnos, las Escuelas Waldorf son lu­gares de encuentro social, empresas comunes que se desarrollan en cooperación con su entorno local.

 

Cómo nació la pedagogía Waldorf

La pedagogía Waldorf na­ció en medio del caos social y económico que siguió a la primera guerra mundial. Tras el derrumbamiento de viejas formas sociales aquellos que se esforzaban en construir el futuro de Europa buscaban nuevas orientaciones. Uno de estos hombres era Emil Molt, director de la fábrica de ci­garrillos Waldorf-Astoria en Stuttgart/Alemania. Este se dirigió a Rudolf Steiner, el fundador del movimiento an­troposófico, que en aquella época era una de las cabezas directoras del movimiento ciudadano por la renovación social. Le rogó que le ayuda­se en la construcción de una escuela para los hijos de los obreros de su fábrica. Seis meses más tarde, en Sep­tiembre de 1919, se abrieron las puertas de la primera Escuela Waldorf con 12 profesores y 256 alumnos distribuidos en 8 clases.

 

 
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